
Para acabar de arreglar el año un atentado terrorista en el aeropuerto de Madrid. Supongo que en los almacenes terroristas no habrían más kilos de explosivos, así que para que el material no caduque llenan una furgoneta y derrumban cuatro plantas de aparcamiento para que el sector de la construcción no tiemble por el más que deseado fin de la burbuja inmobiliaria. Ahora tendrán otro tipo de tarea, la de reconstruir todo aquello que los de siempre se dedicarán a dinamitar. No sólo se han cargado el aparcamiento y la vida casi segura de dos personas, también se han cargado la esperanza de millones de ciudadanos que empiezan a estar ya algo mareados de tanto vértigo político. Por un lado tenemos a la oposición que disimuladamente se engorda de satisfacción al ver que el gobierno socialista tampoco podrá acabar con el terrorismo. Ello significa que con este ingrediente y un poco más de desestabilización política en lo que queda de legislatura podrá albergar alguna esperanza de volver al poder. Al otro lado del hemiciclo un presidente del gobierno que empieza a ser popular por sus zapaterinhadas que lo legitiman para expresar en público, con luz y taquígrafos, su fabuloso optimismo en la marcha del proceso de paz 24 horas antes de que exploten nosecuantos kilos de explosivos en una terminal del aeropuerto de Madrid. Fabuloso, y es que los hay que se bastan ellos solos para crecer y hasta para menguar.
Y mientras, nosotros, ignorantes ciudadanos, no osamos expresar nuestras más profundas dudas existenciales ante las constantes incompetencias de algunos, del cinismo de otros, de la falsedad de otros tantos y un largo etcétera que me niego a enumerar.
Como me dijo hace poco un amigo: ¿para qué preocuparnos de aquello que no tiene solución? Ostras, quizás tenga razón, pero no sé realmente de que preocuparme; si de aquello que no tiene solución o de que precisamente no tenga solución. Difícil dilema para un preocupado crónico.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada