01 de desembre 2010

5-0

Quan crèiem que ja ho havíem vist tot després del 2-6 ens regalen amb el millor partit de fútbol mai vist a la televisió i un contundent 5-0. Diria allò que va dir el Joaquim Maria Puyal a la ràdio "ja em puc morir!!!", però no, que vist lo vist encara em perdria algo millor.
Per acabar recordar les paraules del Pep Guardiola: "el millor d'aquest ofici és que la gent que té problemes molt més serios que el fútbol, que viu la crisis de manera brutal o que s'enfronta a drames particulars, per una estona vibren, obliden, celebren, gràcies a aquest joc".

08 de novembre 2010

Campeón


Ayer fue fácil hacer contraprogramación a la televisión catalana que nos hartó con tanto Papa y tanta sagrada familia. Sólo teníamos que conectar con Teledeporte a las 11 para asistir al más que probable título de campeón del mundo de 125 c.c. de Marc Márquez. Y es que al final uno acaba por sintetizar las cosas y le coge cariño a todo aquel que de una manera u otra te brinda alguna satisfacción. Así que sin tener la necesidad ni la obligación de calificarlo santo ni de entronizarlo para siempre jamás hay que descubrirse ante las buenas maneras del personaje y por los estupendos domingos de carreras que nos ha hecho pasar.


Al final Pedrosa, del que llevo mucho tiempo sin hablar, ha podido conservar el subcampeonato e incluso marcar la vuelta rápida en carrera este domingo, pero quererle empieza a ser una cuestión de fé.

Foto: elpais.com

03 de novembre 2010

Jo no t'espero

Ni t'espero, ni em crec totes les tonteries que dius, i m'emprenya molt tota la pleitesia que els nostres representants t'estan brindant.

30 d’octubre 2010

Un paseo por el Ripollés

Hoy es uno de esos días en los que realmente encuentro a faltar un programa de reconocimiento de voz en catalán, por una cuestión de hacer país, el mío, Catalunya, sobre el que quiero realizar, alternando palabras e imágenes, un recorrido por una de sus comarcas cuyo omnipresente color verde me inspira constantemente.


Podríamos empezar como antaño, cogiendo el tren correo que salía desde la estación de Francia a primerísima hora de la mañana y que significaba poder coger asiento en cualquiera de los compartimentos de aquel largo tren que cada mañana partía hacia las comarcas del norte. Era un tren de película, revestido por dentro de madera, con ceniceros de aluminio constantemente expoliados y que a menudo estaban decorados con imágenes en blanco y negro de paisajes del país. Le llamaban tren correo porque precisamente del vagón de carga ubicado justo detrás de la máquina que arrastraba el convoy, en cada parada del itinerario, soltaban los fardos correspondientes a la prensa escrita del día y el correo de la población de cada estación. El tren se partía prácticamente en dos en la estación de Ripoll, así que la parte principal seguía ruta hasta Puigcerdà mientras que otra más pequeña terminaría su recorrido en Sant Joan de las Abadessas.


Hoy en día esta última parte del recorrido se ha convertido en una "vía verde", con lo que podemos realizar un recorrido a pie o en bicicleta por el Prepirineo regado por las aguas del río Ter. Pero antes de llegar a ese punto habíamos transitado en aquellos vagones de museo por las comarcas del Vallés, Osona, hasta llegar a la del Ripollés, dejando atrás localidades como El Figaró, Vic, Torelló, Sant Quirze de Besora, sitios a los que me siento muy unido por haber veraneado desde niño por aquellos lugares. Ripoll es tierra de buenos embutidos y de especiales recuerdos, como el de haber sido el lugar donde mis padres me compraron mi primera bicicleta, una Peliser de carretera cuando tenía 12 años y que al poco tiempo se me quedó pequeña.

Giramos hacia el este y antes de atravesar el Ter para entrar en Sant Joan de las Abadessas hay que girar a la derecha para tropezar de repente con los restos de la antigua estación del tren y de donde parte la carretera hacia Ogassa.


Recuerdo la primera vez que con el Seat 850 que por aquel entonces tenía mi padre recorrimos los aproximadamente 10 km hasta llegar a aquel pueblo minero que tan bien combina el verde con el negro del carbón. Aquella primera vez la carretera no era tal ya que todavía no contaba con el asfalto que concede la categoría de carretera a una pista forestal.


En todo el recorrido se aprecian las heridas que la explotación minera que desde el siglo XVIII hasta los años 60 del siglo pasado ha dejado en el entorno; grandes instalaciones y caminos trazados a nivel en las laderas de las montañas por donde las vagonetas llevaban el mineral hasta las zonas de carga y que hoy también se han convertido en "vías verdes" para el uso y disfrute de los urbanitas que cada fin de semana invadimos tan maravilloso entorno.

En una de las curvas de la ahora sí carretera dejamos a la derecha el desvío a Can Cabalies, estupendo caserón restaurado ahora convertido en establecimiento de turismo rural, muy apropiado para grupos numerosos y en la que celebramos durante un fin de semana con la Colla de Sans la incorporación de cada uno de nosotros a la treintena . Las vistas desde tan privilegiado y aislado punto son magníficas.

Entramos al pueblo de Ogassa a través de una más que considerable cuesta con el olor a buena comida y a la izquierda encontraremos un grupo de viviendas que de repente nos transporta a cualquier cuenca minera asturiana o irlandesa, muy parecidas a las que podríamos encontrar en toda la cuenca del Llobregat y sus antiguas colonias textiles.


Tendría unos 10 años cuando por primera vez pasamos un verano allí. Recuerdo como los lugareños de mi misma edad recibían al turista invasor a pedradas aunque por suerte la vida en ciudad tampoco nos atontaba lo suficiente como para no saber esquivarlas y digamos que la contienda siempre quedaba en unas dignas tablas, así la sangre no llegaba al río ni el orgullo a nadie le quedaba herido. Un par de días a la semana, en un prado que mezclaba el verde con el negro de forma magistral y al que llamaban campo de fútbol porque permanecían clavados en el suelo dos palos que se convertían en portería sin red, se producía un acontecimiento que después de tantos años todavía recuerdo como emocionante. En uno de los corrales que en otras circunstancias podríamos haber llamado vestuarios de aquel pseudo estadio deportivo un lugareño soltaba un pato desquiciado de la soledad que convertía la escena en un auténtico encierro pamplonica aunque sustituyendo al toro por un pato que nos perseguía a unas velocidades indeterminadas, así que aquella actividad surrealista acababa siempre por unir a los turistas y a los oriundos del lugar dejando momentáneamente de lado el lanzamiento de piedras. En aquel lugar remoto descubrí a una francesa de nuestra edad que tanto nos llamaba la atención por sus prominencias en el pecho pasándose el día diciendo que "no compraba pan" en catalán a cada una de las cosas que le decíamos. También descubrí que algunos de aquellos retratos pintados antiguos que presidían grandes estancias de las casas nobles no paraban de mirarte aunque cambiaras de posición llegándote a intimidar tanto como para sentir miedo. Allí conocí, veraneando también, a un panadero de Barcelona de dulce apellido, auténtico maestro de la depredación otoñal de setas al que sentencié eternamente por no dejarme participar en una excursión organizada por él a la cima del Taga por considerarme demasiado niño y por lo tanto inmaduro para realizar aquella ascensión a la que sí fue aceptada mi hermana Montse cuatro años mayor que yo. Aquel hombre nunca fue consciente de la envidia que me provocó respecto a mi hermana aunque pocos años después pude resarcirme con mi primera ascensión a aquella cima.

Abandonamos el pueblo y seguimos subiendo por la continuación de su calle principal con una auténtica cuesta digna de poner en apuros a cualquier profesional de la bicicleta y efectuaremos la primera parada en un paraje idílico, ideal para cualquier comida campestre o para una simple merienda de verano a la más reconfortante de las sombras.

La Font Gran es fiel a su nombre ya que de nueve caños brota generosamente un agua limpia y fresca cuyo manantial emerge desde las profundidades y que podemos observar unos pocos metros atrás de los caños protegidos por una reja de metal.


Todo el entorno es generoso en cuanto a vegetación, de un verde intenso, debido a que una especie de microclima propiciaba que prácticamente cada tarde lloviera intensamente y lo convirtiera todo en torrentes improvisados, incluso la calle principal, resaltando los colores por la humedad aunque a cambio fuéramos esclavos de paraguas, chubasqueros y botas de agua.



Paseando por los alrededores del lugar podíamos encontrar estrechas entradas a las profundidades de las minas que horadan las profundidades de aquellas montañas.

Seguimos subiendo en dirección noreste y nos encontraremos una ermita románica en buen estado.

Una vez superada seguimos subiendo aunque esta vez deberemos abandonar la pista asfaltada para coger un sendero que verticalmente nos llevará hasta un pequeño refugio de pastores donde hace años pasamos una noche a la luz de una lámpara de carburo.

Seguimos subiendo sin descanso hasta llegar al Coll de Pal, punto intermedio de la Serra Cavallera, perfil montañoso que une prácticamente Ribes de Freser con Camprodón.

Atrás hemos dejado toda clase de árboles y plantas para pisar un terreno convertido en un prado de hierba, corta e ideal para rebaños de ganado alejados de cualquier indicio de civilización donde uno puede encontrarse con un matemático haciendo de pastor ocasional. Las vistas son impresionantes en cualquier dirección que escojamos, pero tomaremos camino al oeste para superar la primera cima, el Puig Estela, para seguir cresteando por suaves pendientes hasta llegar a la cima del Taga, punto más alto de toda la Serra, y nos recibe con una desproporcionada cruz respecto a la altitud de lo conquistado.


Sus apenas 2000 m, no obstante, nos ofrecen unas majestuosas vistas y más de una satisfacción. Cuánto daño me hizo aquel panadero de dulce apellido prohibiéndome mi capricho ya que todas y cada una de las veces que he alcanzado esta cima, de alguna manera, le estaba dedicando con determinados toques de resentimiento el hecho a aquel buen señor, que al margen de aquel desaire nada más me hizo.


Sus apenas 2000 m, no obstante, nos ofrecen unas majestuosas vistas y más de una satisfacción. Cuánto daño me hizo aquel panadero de dulce apellido prohibiéndome mi capricho ya que todas y cada una de las veces que he alcanzado esta cima, de alguna manera, le estaba dedicando con determinados toques de resentimiento el hecho a aquel buen señor, que al margen de aquel desaire nada más me hizo.



Es hora de descender y lo haremos por la vertiente sur hasta tropezar con otro refugio muy parecido al anterior aunque hace años mucho más abandonado y por lo tanto menos acogedor. Desde aquel punto optamos por seguir en dirección sur para atravesar una pequeña cresta y así poder acceder al valle siguiente donde nos espera un lugar que de alguna manera podríamos llegar a definir singular.

Hace años estaba rodeado de historias singulares aunque a veces cuestiono determinados recuerdos por pensar que quizás eran historias más propias de nuestra imaginación adolescente que incluso podía llegar a deformar la realidad vivida sin necesidad de sustancias psicotrópicas. Lo que sí es cierto y que más de uno con seguridad recordará es que en un viaje anterior y la única vez que decidimos pasar noche allí, nos encontramos a un grupo de "investigadores" que llevaban días realizando psicofonías nocturnas a la búsqueda de voces de ultratumba o del más allá. Aquella construcción durante un tiempo fue un refugio de montaña mantenido por un grupo excursionista local y está compuesta por lo que podríamos denominar la vivienda y adosada a ella una ermita a la que se accede desde el mismo interior de la vivienda. En el exterior un pequeño cementerio con dos o tres cruces visibles y por aquel entonces sí que hay que reconocerle que a determinada hora sí producía algún tipo de intimidación.

Pero aquella noche los fantasmas no aparecieron para el desespero de los investigadores que tuvieron que parar sus grabadoras ya que nuestro moscatel nos convirtió en un grupo de gente excesivamente ruidoso y abandonado al desafinado cante y a la juerga más desinhibida así que poco trabajo tuvieron los fantasmas y sus parafonías.


Desde allí podemos escoger dos destinos finales. El primero Bruguera, pueblo a menos de una hora de camino de aquel punto y sobre el cual ya hemos hablado. El otro, más al sur, Candevànol, prácticamente al mismo tiempo de distancia que la opción anterior. La ventaja es que con esta última opción encontraremos la estación de ferrocarril, algo que años atrás podía llegar a ser auténticamente traumático por la sobreexplotación de la línea, de la escasa frecuencia y la mucha demanda, algo que hacía que tuviéramos que acceder al convoy casi por las armas con la imposibilidad de tomar asiento civilizado y tener que permanecer en la más indescriptible de las posturas entre los pasillos y las plataformas de acceso convirtiéndolo en borreguero infame y a nosotros en borregos.

Antes de llegar a Candevànol contemplamos por última vez el entorno, tierra de leyendas como la del Comte Arnau, que por trajinarse a la abadesa de un convento fue condenado a vagar eternamente por estas tierras montado en su caballo de fuego.


Fotos: Google, Panoramio, Blogspot.com, Archivo JG.


13 d’octubre 2010

Perseverància

Estic flipat per la perseverància dels de dintre i la dels de fora. Hem de treuren's el barret pels xilens i caldria preguntar-nos si aquí fòrem capaços de fer quelcom semblant.

Foto: La Vanguardia

03 d’octubre 2010

París

El otoño me trae el recuerdo de nuestro viaje a París, una ciudad en la que en ningún momento nos sentimos extraños hasta el punto de dejarnos perder deliberadamente poniendo a prueba nuestra orientación sin que ésta nos defraudara. Parecía como si hubiéramos vivido toda la vida allí y nada se nos hacía extraño. La climatología no acompañó ningún día así que hizo un flaco favor a la denominada "Ciudad de la luz" que sólo brilló con la iluminación nocturna. Fueron pocos días pero suficientes como para que con un estresado ir y venir pudiéramos contemplar las imágenes más típicas y estereotipadas de aquella ciudad.

Aprovechamos un día para acercarnos hasta el Palacio de Versalles. Vista la inmensidad de sus jardines uno entiende aquella típica frase cinematográfica en la que un padre le dice a su hijo... "Hijo mío, algún día, todo lo que alcanza tu vista, será tuyo". Y cómo no, acto seguido uno utiliza sus respectivos y residuales conocimientos de la historia y puede llegar a entender cómo la realeza francesa pasó por la guillotina, aunque no comparta semejante brutalidad, pero es que ante tanta opulencia y ante tanta y deliberada ignorancia de la realidad y de la pobreza que vivían sus súbditos no es de extrañar que éstos dijeran "basta". Tal es así la desmesura de aquellos tiempos que dicen los cronistas que el gobierno francés actualmente no dispone ni dispondrá del suficiente presupuesto como para mantener semejante palacio.




26 de setembre 2010

Nostalgia o algo parecido

De un tiempo a esta parte empiezo a cuestionarme si estos ataques bastantes continuos de nostalgia son síntomas de algo. Dicen que cuando uno se abalanza peligrosamente hacia la muerte o hacia una situación que podría conllevarla, como lo puede ser un accidente, pasa, en fracciones de segundo, por su mente una película a cámara rápida de toda su vida. Puedo dar fe de que algo parecido sí sucede.



Foto: Fermuntanya.blogspot.com


Fue hace ya unos años, cuando tomando el camino de salida de Bruguera hacia el Coll de Jou , a pies del Taga en la comarca del Ripollés y mirando hacia las nubes mientras caminaba hacia atrás, me caí al vacío por un minúsculo puente sin barandillas. No podría decir con exactitud cuántos metros de desnivel había entre el punto de salida y el punto de caída pero sí recuerdo esa película acelerada para luego accionado el interruptor de apagado por el golpe poner la pantalla del televisor en negro. No fue un fundido, ni siquiera una transición, fue una desconexión total del sistema y apenas duró unos minutos mientras mi hermana Montse se encontraba en ese estado a medio camino de la risa más brutal por la situación cómica de la caída y del terror de las supuestas y previsibles consecuencias del incidente. Así que me desperté después de un corto pero indeterminado tiempo con mi hermana encima mío abofeteándome dulcemente la cara mientras repetía una y otra vez y con cierto desespero mi nombre. Aquel día volví porque tampoco había para tanto como para no volver y porque la mochila colgada de la espalda absorbió el impacto y el resultado fue una simple costilla rota y un pasajero dolor de cabeza que no impidió disfrutar del fin de semana que teníamos por delante. Hago recordatorio del episodio para corroborar la teoría de que ante nosotros se reproduce esa película acelerada.


Ahora, no sé por qué extraña razón, algunas veces provocada por el destino, por la casualidad o bien por este estrambótico invento del Facebook, aparecen de nuevo en mi vida gentes dignas de mención como si de una retrospectiva personal se tratara. No quiero decir con esto que me dé la sensación de estar cayendo de nuevo por un precipicio y que de nuevo se haya activado el botón del play del reproductor, pero si quisiéramos encontrar un significado esotérico quizás... ¿debería preocuparme por esta serie de mensajes subliminales?


Una vez alguien, cuyo nombre nunca pronunciamos, me dijo dos cosas que a tiempo pasado me parecen infames. La primera que tuviera paciencia ante su robo sistemático, continuado y traidor del tiempo de mis hijos y que nunca podré recuperar de ninguna de las formas. La segunda, en su característico tono melodramático que "empezamos a morir en el mismo momento en el que nacemos", y sí, como muchas otras de sus sentencias esta afirmación no deja de ser una auténtica perogrullada. Puestos a filosofar si abrazáramos la ideología budista podríamos consolarnos con que en cada minuto que nos acercamos a nuestra muerte nos acercamos a una nueva vida y que según esta misma ideología ésta estará acorde con los méritos con la vida vivida anterior, algo que en primera instancia debería de preocupar muy mucho a más de uno o una ya que su vida futura todo apunta a que cumplirá todos los requisitos para ser mucho más miserable que su vida actual.


Pero nos apartamos del tema ya que hoy quería hablar de la nostalgia o de alguna sensación parecida para la que ahora no encuentro calificativo y es que, de verdad, tendría que leer bastante más para poder tener más vocabulario.



¿Qué entiendo como nostalgia? Miro la imagen y me produce algo que identifico como eso, como esta especie de dolor interno de no poder almacenar para siempre en mí la sensación de que tu hijo te abraza y te necesita aunque sólo sea por la más básica de las supervivencias y que nosotros "sabiamente" etiquetamos como amor de él hacia nosotros. Posiblemente con la edad esa necesidad, tal vez con un poco de suerte incluso al margen de nuestros propios méritos, se convierta en amor o en cariño universalmente identificable. También sería nostalgia recordar con pena la salud perdida.


Pero volviendo a esa película que espontáneamente se está reproduciendo ante mis ojos del reencuentro "accidental" con importancias del pasado y justifico los temores de tan peculiar reproducción, aunque esta vez pausada, a cámara lenta, con la oportunidad de poder manifestarles la importancia de su existencia en mi vida y un "hola" y "hasta siempre". No es nostalgia dolorosa y que algún filósofo mediático se apresura a calificar como dañina o contraproducente, es satisfacción, reconocimiento e incluso orgullo tribal de haber pertenecido a un determinado colectivo que para nosotros tan beneficiosamente ha influido en nuestras vidas aunque el mérito de la elección no tenga un titular claro. Y sin lugar a dudas puedo afirmar que no es verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor que el actual, independientemente de nuestras propias circunstancias, simplemente fue aquel momento irrepetible y que a veces tanto nos gusta recordar.

12 de setembre 2010

El Lluçanés

(La foto no es mía)

Hoy propongo desplazarnos hasta el punto más alto de la comarca del Lluçanés. Se trata del santuario Dels Munts, a unos 1000 m de altitud y atalaya perfecta para ver toda la línea del Pirineo al norte, el Pedraforca y la vertiente sur del Cadí mirando al oeste y con un poco de suerte y un día claro podríamos llegar a ver el macizo de Montserrat al sur.







No entiendo de estilos arquitectónicos en cuanto a monasterios o a santuarios se refiere, pero desconociendo el estado actual, hace unos años y adosada al santuario la rectoría se había acondicionado como restaurante. Mi buen amigo Jordi, que en el 2001 nos dejó, disfrutó de una buena comida en este singular paraje unas horas después de lo que para nosotros fue "la madre de todas las cacerías de bolets".



28 d’agost 2010

Nada nuevo

Curiosa noticia por publicarse en la Vanguardia. También curioso que la hayan eliminado de su edición digital en menos de 12 horas. Una vez más debemos haber con la iglesia topado.

Nada nuevo por otra parte, hace solo dos años se estimaba en un 70%, así que la fórmula de "no remenen la merda" funciona. Lo mejor del artículo las dos últimas líneas.

http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20100828/53991448486/un-60-por-ciento-de-los-espanoles-estan-a-favor-de-la-eutanasia-psoe-pp-cis-ciu-dios.html

26 d’agost 2010

El tranvia

La imagen propuesta es la de un tranvía de la ciudad de Lisboa. Ciudad de contrastes ya que llegamos con un Airbus de la TAP recién estrenado y tras pasear bajo un sol de justicia por una calle llena de escaparates con piezas de bacalao en salazón tropezamos con tan auténtico medio de transporte. Pero nada que decir del trato de la gente a los que los españoles tan a menudo damos la espalda y nada que decir de la comida que nos pareció excelente. Aquel fue un viaje de regalo ya que fue parte del premio de un sorteo organizado por un periódico deportivo para asistir al Gran Premio de Portugal de Motociclismo en el circuito de Estoril. La única queja es que para comprar una botella de agua de un litro tuvimos que pagar tres euros en el bar del hotel y de eso hace ya 10 años. La cena en la terraza de un restaurante a las afueras de Cascais y los ojos de la camarera lo mejor del viaje.