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01 de gener 2013

Any Nou

Sense paraules. Ja sé que de vegades és difícil d'entendre una bona relació d'amistat estigui basada en silencis, però sincerament haig de dir que en aquest cas sempre han sobrat les paraules.
Avui comencem un nou any i sense ser del tot supersticiós li diré 2012+1. Aquesta passada nit amb l'excusa de la més que possible saturació de les línies de telèfon tan fixes com mòbils no he volgut enviar-li cap missatge al Juli desitjant-li un bon o feliç any 2012+1. Aquest, l'any que ara estrenem, serà igual de bo o igual de dolent que tots els que hem passat, tot dependrà de com es miri. Un altre cop sobraven les paraules. I ell amb la seva manera particular de dir les coses ha sustituït les paraules per una imatge, i jo un pel avergonyit, li agraeïxo eternament la imatge i tota la seva companyia d'aquests més de 33 anys.
Així que  tinguem tots un bon any, tot dependrà de com el mirem!!!
 
 
 
 
 

03 de juny 2012

Bugarach


Els del Facebook no m'han deixat posar el vídeo per la música. Sense comentaris...

08 de març 2007

Feliz Cumpleaños Julio

Se cumplen por estas fechas 50 años del nacimiento de mi amigo Julio. Lo miro y remiro y por mucho que lo haga no puedo identificarlo como alguien que está más cerca de la tercera edad que de la adolescencia pero la cuestión es que de alguna manera uno, con algunos, se queda anclando en un tiempo indefinido en el que parece que los años no pasan. Y supongo que eso será una buena señal de que pese a los años pasados estos no han significado ninguna carga excesiva ni para unos ni para otros. Lógicamente hablo por mí y pese a pensar y a querer lo contrario el protagonista no es hombre de palabras pero si de hechos (parece un lema político muy actual). La cuestión es que son casi 25 años en los que de forma real y figurada siempre se mantiene cerca y al lado de mis ambos costados y forma parte de esa familia no impuesta que uno libremente escoge y al que rinde el respeto y el homenaje que se merece por derecho propio.

Feliz cumpleaños Julio, que cumplas muchos más, por ti y por mí.

Postdata: el dibujo lo he encontrado navegando por Internet con una leve modificación. Gracias al autor por sin saberlo, retratar de forma tan fidedigna al protagonista de este apunte (exceptuando los implantes capilares).



18 de gener 2007

La moto

Sábado, 15:00, el móvil suena repelentemente mientras se desplaza milimétricamente por la mesa del comedor. Acaba de llegar un mensaje multimedia de mi amigo Julio que a 50 Km. de Tordesillas disfruta de una concentración motera archiconocida con el nombre de "Pingüinos". Hasta aquí nada raro aunque rápidamente asocio el encuentro con frío, nieve, mal tiempo, etc. etc., es decir, todas las incomodidades habidas y por haber de desplazarse en moto a mediados de enero por el centro del país. Nada tienen que ver esas incomodidades con las que debe estar padeciendo este año, climatológicamente hablando, claro, así que como el hecho no me parece espectacular opto por no contestar el mensaje ya que aparte del dolor de muelas por la impotencia de no poder estar allí con él no encuentro aliciente suficiente que me empuje a devolverle el mensaje y sobre todo el hecho de no poder adjuntar una imagen que contrarreste la que adjuntaba en el suyo. Había gato encerrado y yo no lo supe ver, así que transcurrido el fin de semana llega el lunes en el que hojeando el periódico digital de turno leí la noticia que varios accidentes motociclistas habían afectado la provincia en la que se realizaba la citada concentración motera. Aunque dicen que las malas noticias corren como la pólvora me falta tiempo para extenderme en la lectura de la noticia y comprobar que, en un principio, los accidentes nada tenían que ver con mi amigo así que corto, copio y pego la noticia y se la envío a Julio para comentarle que menudas juergas se corren por esos mundos. Él me contesta que sólo fue a dar una vuelta desde Barcelona hasta Valladolid para probar una Suzuki que le habían entregado un par de días atrás. ¡Sorpresa!, ¿Suzuki?, ¿cómo que Suzuki?, ¿y su vetusta Yamaha? Me faltan piernas para salir raudamente a su encuentro así que descuelgo el teléfono y empiezo el interrogatorio. Se confirma la noticia, Julio ha sustituido Yamaha por Suzuki, así, sin más preámbulo, de un día para otro, con un par de razones que por esta vez tienen forma de cilindros. Invoco una cita para las presentaciones, quiero verla, y galantemente él se presta y pronto tenemos el placer de conocer a su nueva acompañante. ¡Espectacular!
Después de despedirnos y de agotar la pertinente jarra de cerveza que ha servido para remojar esta buena nueva nos dirigimos hacia nuestro domicilio y ante mi mirada perdida Eva me pregunta:
-¿Qué te pareció la moto?
-Una pasada.-Le contesto.
-¿Y porqué estás tan callado?
-Es que tengo envidia.
-Sí, pero envidia de la buena, ¿verdad? -Intenta matizar Eva entre carcajadas.
-¡Qué coño!, ¡qué coño envidia de la buena!, ¡tengo envidia de la mala, de la única que existe! -Así, refunfuñando y entre risa y risa agotamos los metros hasta la puerta de casa.

Señoras y señores, con todos ustedes la moto de Julio.

05 de novembre 2006

La última cena

Viernes, 21 horas y pico. El pico hace que de nuevo viole mi religión de la puntualidad. La sombra de la amenaza que el ascensor no funcione se ha desvanecido momentáneamente y hemos conseguido llegar a la calle. Mi compañera empuja pesadamente la silla de ruedas con dificultad. Su anemia que los médicos califican de "Origen desconocido" la merma de vitalidad y empuje. Una vez más a nadie se le ocurrió prestarse en ayuda del empuje. Tal vez la culpa sea nuestra, en nuestra peculiar lucha contra la independencia y la autosuficiencia y por eso no pedimos una ayuda que al parecer a nadie se le ocurre proponer. El pico anterior aumenta a cada paso que lo separa del restaurante de siempre y por lo tanto, al llegar, descubro sin rubor que somos los últimos en llegar (cómo hemos cambiado). De lejos veo a casi todos los demás. De un rápido vistazo descubro mi primera limitación: como casi siempre en estos últimos años no podré escoger donde quiero sentarme así que por causas orográficas me veré obligado a alojarme en uno de los extremos de una mesa larga, preparada para 15 personas. Se producen dos bajas inesperadas que curiosamente se muestran como sillas vacías a cada uno de mis lados por lo que la distancia con el resto del personal se materializa aún más. Con el tono de voz aún indemne propongo al personal se acerque para poder integrarme un poco a la velada y así se produce. Pronto descubro que a nuestra izquierda se aloja por corrimiento el convidado de piedra que sigue sin despertarse de un letargo que ya le dura más de un año. Mi insistencia en hacerlo participar en la vida "normal" sigue siendo infructuosa. A mi derecha se aloja la última incorporación de nuestros encuentros, alguien a quien la tribu ninguneó en primera instancia y luego olvidó hasta el punto de que ha pasado un cuarto de siglo sin tener noticias del personaje. Brillante idea la de invitarle, ha servido para comprobar que todo sigue igual. Por un momento reflexiono rápidamente y caigo en la cuenta de que ese extremo de la mesa que presido se ha convertido en el rincón maldito al que pronto la mayoría dará la espalda. Sólo a mi derecha un par de elementos del "más allá" intentan que no caiga en el ostracismo general multiplicándose y ofreciéndose como traductores de lo que se cuece en mitad de la mesa. El líder de la tribu sigue centrando la atención del resto como ya lo hacía treinta años atrás mientras que sus discípulos, entre los que me incluyo, seguimos escuchándolo de forma mesiánica. Me siento tan lejos del grupo al que siempre pertenecí y del cual siempre me sentí orgulloso de pertenecer, que de repente se cruza en mi mente la metáfora de que el momento, poco a poco, se va convirtiendo en una especie de funeral en el que yo soy el cuerpo presente y como siempre, a mi izquierda, la eterna plañidera que a todas partes me acompaña. Ella, al fin y al cabo, nunca fue de la tribu, ni por localización ni por generación así que tampoco tenemos en cuenta que prácticamente resulte invisible. Veo a lo lejos, a kilómetros de distancia, como el grupo charla, ríe, se mira, y en un intento de formar parte de la conversación logro levantar la voz para superar el murmullo generalizado del local pero el intento resulta vano y me provoca el atragantamiento consecuencia de forzar aquello que no se debe. Cumplimos el trámite, aguanto la cena entera pero el aislamiento me introduce en mi eterna compañía, el pensamiento, y éste me ayuda a darme cuenta que la del viernes será "La Última Cena" con la tribu. Tanto me entretengo en mi pensamiento que para consolarme me alegro de haber sido siempre tan multiétnico y haber abandonado la tribu en busca de otras culturas, de otros modos. Como en la película "En busca del fuego", volvemos, pasado el tiempo, al seno de la tribu aunque sólo sea para ejercitar los recordatorios, pero una vez hecho esto ya no tiene sentido nada más. La distancia con ellos es casi la misma que la representada en esta mesa larga e inacabable.
No creo que la decisión de bautizar ésta como la "Última Cena" tenga nada que ver con las palabras que me dedicó la madre de mis hijos en las que en el primer día del nuevo milenio me dijo "tú ya no estás para salir de casa". Tal vez sea así ahora, pero lo que sí que tengo claro es que seguiré saliendo siempre que con el esfuerzo obtenga un buen resultado, obtenga alguna agradable compensación que por supuesto los otros no deben brindarme sino que simplemente yo he de conseguir.
Al llegar a casa pienso que sinceramente no tengo de que quejarme, ya que al contrario de lo que reza el bolero de "Presuntos implicados" en nada hemos cambiado, o sí, no sé.

22 de maig 2006

La cena

Fue el viernes. Decidimos juntarnos por segunda vez este año y la convocatoria volvió, como no, a ser un éxito. Sólo falló una de las convocadas y fue por un motivo mayor. De esa forma, voluntariamente, nos dejamos engullir por ése peculiar túnel del tiempo que nos hace retroceder casi una treintena de años. Nos hacemos mayores pero en el fondo deseamos seguir siendo niños y quizás sea ésta una de las formas más fáciles de hacerlo. El túnel, pese a ser de largo trayecto, está suficientemente iluminado y sobradamente decorado con espléndidas flores en cuyas formas adivinamos a cada uno y una de los que formamos aquel acto. Desde mi singular púlpito sobre ruedas que me mantiene un palmo por encima de las cabezas de los demás puedo contemplar a mi izquierda, a mi personal alma gemela que pese a no formar parte del lejano pasado gozó del momento con sana envidia. A su lado el cerebro que durante tanto tiempo sabiamente nos dirigía, esforzándose en complacer con sus palabras y sus recuerdos siempre cargados de fina ironía. Un par de sillas más a su izquierda Sira con cierta expresión de perplejidad inentendible por mi parte y por la que no tuve que realizar el más mínimo esfuerzo a conectar su imagen actual con la de tiempos pasados. Realmente asombroso. A su izquierda unos cuantos más que a causa de la obligada distancia física que provoca una mesa rectangular no tuve ocasión de sentir su pulso. Al otro extremo de la larga mesa Nuri, que supongo que la edad habrá convertido en Nuria y con la que accidentalmente copresidia el encuentro. Sólo un pequeño número de cruces de miradas que no me legitiman para expresar opiniones. Siguiendo el mismo sentido de las agujas del reloj me encuentro con Carles a quien el tiempo no logra difuminar el brillo de sus ojos mientras que su peculiar carcajada me confirma que el viaje por el tiempo ha sido real. Sigo mirando a su izquierda y mi mirada tropieza agradablemente con mi buen amigo. No hace falta nombrarlo por su nombre. Creo que de todos es sabido a quien me refiero. Le miro y me preguntó una y otra vez el porque de sus desencuentros sentimentales que, no obstante, no logran impedir la expresión de perenne felicidad en su cara que agudiza las arrugas del contorno sus ojos. Él también debe tener un pacto con el tiempo. A su lado Maite a la que desde el reencuentro sólo apetece abrazar y animar. Quién lo iba a decir. Faltar siempre falta gente y como siempre se dice esperemos que vuelva a repetirse. Eso será señal de que seguimos estando todos, con las mismas ganas de recordar y con las mismas ganas de añadir nuevos recuerdos. Estuvieron bien aquellos años. Hasta la próxima.

16 de maig 2006

Sensaciones

He recibido un mensaje de Sira en el que me adjuntaba unas fotos de su salida a la montaña en la última Semana Santa. Su mensaje se titulaba "sigo entrenándome", supongo que refiriéndose a esa supuesta excursión que un grupo de amigos comunes lleva tiempo intentando organizar. Lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido pensar en la friolera de los casi 30 años que hace que no veía a Sira, los mismos que hace que compartíamos amigos y alguna que otra fracción de tiempo. Veo su foto, su expresión, y me sorprende como el paso del tiempo en algunos parece influirle bien poco. Lo mismo me pasa, por ejemplo, con mi amigo Josep, al cual veo y siento de la misma manera desde hace los mismos años aunque con él haya mantenido una especie de esporádico aunque constante contacto. Lo siento, tengo que reconocerlo, la envidia me invade, aunque supuestamente sana no es por menos dolorosa ya que veo la expresión de satisfacción en la cara de Sira medio escondida tras unas enormes gafas de sol que reflejan el entorno que a su vez la rodea en todos los ángulos posibles. Altitud añorada, diáfano cielo azul, helada brisa norteña que acaricia cada poro de piel al descubierto y cada pelo de la cabeza y que intenta rellenar el espacio existente entre el lóbulo de la oreja y la fina piel del cuello, la misma brisa que insistentemente pretende penetrar por la parte trasera del cuello de la camisa o del jersey para helar el sudor que provoca el contacto de la mochila con nuestra espalda. Soledad aceptada y hasta cierto punto deseada, eso es lo que encontramos en esas latitudes y en esas altitudes, como también recuperamos con gusto ese dolor sutil y amigable del esfuerzo de la caminata en nuestros muslos y pantorrillas. ¡Qué sensaciones!, ¡qué sensaciones robadas y pérdidas! ¿Y el sol? Qué decir del sol en esos parajes cuando nos brinda su infiel compañía. Cada vez que aparece parece estrenar potencia, tanta que pretende acelerar el envejecimiento prematuro de nuestra faz y enrojece nuestras mejillas sin el más mínimo rubor que lo justifique. El sol que se refleja en cada átomo de agua congelado insertado en el casi interminable manto nival interrumpido solamente por las aristas más verticales. Terrible añoranza la mía. Veo el rostro de Sira sonriente sin disimulo, natural, ante la cámara fotográfica y la paz el entorno que la adorna y sólo me queda la ilusión de cerrar los ojos imaginándome que soy yo quien le empuña, y que soy yo quien la dispara, en aquel mismo momento y sobre todo en aquel mismo lugar.