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Ayer fue fácil hacer contraprogramación a la televisión catalana que nos hartó con tanto Papa y tanta sagrada familia. Sólo teníamos que conectar con Teledeporte a las 11 para asistir al más que probable título de campeón del mundo de 125 c.c. de Marc Márquez. Y es que al final uno acaba por sintetizar las cosas y le coge cariño a todo aquel que de una manera u otra te brinda alguna satisfacción. Así que sin tener la necesidad ni la obligación de calificarlo santo ni de entronizarlo para siempre jamás hay que descubrirse ante las buenas maneras del personaje y por los estupendos domingos de carreras que nos ha hecho pasar.
Al final Pedrosa, del que llevo mucho tiempo sin hablar, ha podido conservar el subcampeonato e incluso marcar la vuelta rápida en carrera este domingo, pero quererle empieza a ser una cuestión de fé.
Foto: elpais.com
Me retracto. Siento mucho haber hablado mal de mi piloto favorito. Algo ha pasado en el equipo Repsol Honda que han convertido un triciclo desajustado en una máquina poderosa que Pedrosa ha sabido llevar hasta el final de carrera. Aún así he pasado nervios porque la falta de costumbre hace que piense que en cada curva que traza acabará en el suelo, pero por suerte no ha sido así. Lo triste es la lesión de Rossi pues aunque deseemos que pierda no queremos que sea de esta manera, pero tampoco hay que echar mucha leña al fuego ya que quien más y quien menos ha padecido lesiones parecidas e igual de importantes y tampoco es elegante buscar excusas. Ya se sabe, el que se cae se cae porque algo ha hecho mal y las consecuencias son para todos las mismas. Así que esta vez tanto Lorenzo como Pedrosa lo tienen a huevo para proclamarse campeones del mundo. Con la caída de Rossi tienen un problema menos del que preocuparse. Por cierto, la cara de Lorenzo, aún quedando segundo, todo un poema. Ya no estaba tan de cachondeo y tan afable con Pedrosa como en Jerez. Este chico tiene muy mal perder.
Y otra buena noticia, Marc Márquez ha ganado su primer Gran Premio y no será el último, seguro.
Foto: La Vanguardia.es
Hasta el día de hoy sólo era capaz de madrugar para ver la televisión cuando el circo del mundial de motociclismo transcurría por algún país asiático o cuando las carreras eran en Australia. Hoy me he despertado a las 5:30 para ver los dos capítulos finales de la serie Perdidos. He escogido Cuatro que los emitía media hora después que en Estados Unidos para poderlos subtitular. Tanto una cosa como la otra, es decir, la emisión y los subtítulos, han sido defectuosos pero al margen de cualquier otra consideración el final ha sido sorprendente. Y lo ha sido porque pese a ser una serie de televisión norteamericana el final no ha sido espectacular en cuanto a efectos ni tampoco contundente. Sinceramente el final ha sido acorde con todo lo que destilaba la serie hasta el punto de dejar la posibilidad de que en la mente del espectador se creen todo tipo de consideraciones finales como tantos números de seguidores. Quiero decir que cada uno hemos podido ver determinados detalles y con ellos elaborar mentalmente aquello que pensamos que querían insinuar los guionistas. Han dejado tantos interrogantes como episodios ha tenido la serie pero la guardaremos en la memoria como uno de los mayores fenómenos televisivos, que lo ha sido. A mí me ha parecido un final tierno, exento de sangre y de venganzas justicieras. Como dicen algunos medios ahora sí que nos quedamos huérfanos de Perdidos.

Y hablando de motociclismo, este fin de semana, en Francia, dos de cal y una de arena, aunque con matices, ya que los habrá que digan que ha sido un fin de semana espectacular. La paciencia con determinados mitos se me está acabando y es que Pedrosa empieza a comportarse como un auténtico pupas y corre el peligro de empezar a parecerse al casi olvidado Sete. Por otra parte hay que empezar a descubrirse ante el buen hacer del impertinente niño Lorenzo, al que pese a declarar públicamente su barcelonismo y pese a moderar sus impertinencias se me sigue atragantando. El tío es bueno, lo reconozco, y disfruto viéndolo repasándose a Rossi, que este año lo va a tener realmente difícil para revalidar el título. En la categoría pequeña empieza a despuntar alguien con el que conviene fijarse. Es Marc Márquez, que demuestra día a día ser todo un valiente pese a los innumerables golpes que lleva en su cuerpo de sólo 17 años. La categoría, más que el mundial, parece el campeonato de España.
Dos veces en una misma semana empieza a ser preocupante. En primer lugar el miércoles, durante el transcurso de la eliminatoria de semifinales de la Champions entre el Barça y el Inter, tuve que apagar el televisor porque el corazón me salía por la boca. Lo curioso es que a mí el fútbol siempre me provocó somnolencia, pero quizás es que por la edad me ha tocado vivir unas etapas barcelonistas donde los éxitos eran escasos hasta tal punto que, cuando raramente se producía uno, mi amigo Julio aparecía misteriosamente en la puerta de casa con su moto, sin convocatoria previa, para juntos irlo a celebrar a Canaletas. Ahora y sobre todo después del año pasado la verdad es que estamos mal acostumbrados y contábamos los partidos por victorias y las competiciones por títulos y lo del miércoles pasado nos ha costado mucho digerirlo.
Pero ahí no ha quedado la cosa. El domingo tocaba Gran Premio de motociclismo y la evidencia sólo hacía presagiar otro calvario para aquellos que nos consideramos pedrosistas después de la primera carrera de Qatar. El sábado nos despertamos del letargo con la Pole del muchacho, pero mirándole la cara mientras lo entrevistaban todo hacía suponer que aquello era sólo un bluf. Así que la sorpresa fue verlo el domingo encabezando prácticamente toda la carrera, pero apareció el insolente e impertinente niño Lorenzo, cuyo objetivo primordial es repasar a Dani, y nos amargó un poco la fiesta hasta el punto de que las cuatro últimas vueltas de la carrera no las pude ver porque me vi obligado, otra vez, a apagar el televisor. El consuelo fue ver a Dani en el segundo escalón del podio, misteriosamente sonriente, mientras que Lorenzo desencadenaba su soberbia en todos los sentidos. Es un impresentable pero es bueno en esto de ir en moto.
Tendré que hablar con alguien por esto del corazón alterado, porque al final tanta emoción me convertirá la vida en aburrida, si cada vez que se dispara tengo que acabar apagando el televisor.

Esperando que vuelvan las pruebas del mundo del motor el invierno nos deleita con el rally Dakar y sus espectaculares etapas. Este año, en la categoría de coches, ha ganado Carlos Sainz, cuyo único defecto conocido es ser del Madrid. Nadie es perfecto.
Si repasamos el histórico del palmarés de la prueba entenderíamos sobradamente quién organiza y dirige el rally. Los franceses, auténticos maestros en saltarse cualquier tipo de cola.
Así que este año el chivo expiatorio ha sido Marc Coma, al que de ninguna manera podía permitírsele ganar la prueba dos años seguidos.
Para ver más fotos aquí va un enlace:
http://www.boston.com/bigpicture/2010/01/dakar_rally_2010.html

Mañana de domingo. Hoy al despertarme me he sentido un tanto huérfano. Quería ser fiel al horario pero la pereza se ha apoyado en un... ¿para qué?
Pues no sabes lo que te pierdes.


Llego tarde, lo sé, pero es que la actualidad sobre otros temas no me ha dejado tiempo para cosas más frugales, así que acudo raudo y veloz, como no podía ser de otra forma, a comentar el primer Gran Premio de la temporada.
Se acabó la temporada motociclista y muchos pensarán y pensaremos que menos mal, que ya era hora. Ha sido éste un año aciago en resultados para aquellos que nos consideramos Pedrosistas y aún así nos sorprendemos gratamente de que Dani, al final y después de todo, ha acabado siendo subcampeón del mundo. Un subcampeonato que por otra parte, y por decirlo de alguna manera, no luce ya que la distancia con el campeón es de nada menos que de 125 puntos, es decir, los mismos puntos que se pueden conseguir ganando cinco carreras sin que el rival más directo puntúe. Podemos hacer las cuentas como queramos pero la cuestión es que el dato por sí solo estremece un poco. En un año en el que deportivamente hablando hemos visto y sufrido el mobbing a todo un bicampeón del mundo de Fórmula 1 hemos sufrido también viendo a Dani tambalearse encima de una moto que en todo momento pretendía escupirlo de encima suyo como si de un caballo desbocado se tratara. Dicen que ha sido cuestión de neumáticos, pero el hecho es que todo se ha convertido en un impertinente monólogo de un australiano que al fin ha encontrado la orna de su zapato. Exceptuando dos exiguas ocasiones de 18 posibles no hemos podido gozar de los esperados y pendientes duelos entre pilotos. Rossi parece que al final empieza a mirar de reojo los años que le quedan de estar en esto de las motos pero las genialidades nunca se retiran satisfechas y empieza a mostrar síntomas del final de la gloriosa carrera del mejor piloto de motos hasta la fecha, haciéndose daño cada vez que besa el asfalto (recordemos a Doohan, etc.).
Este fin de semana arranca el Gran Premio de China. Sí, ese fabuloso país en el que se pisotean sistemáticamente los más elementales Derechos Humanos. Después del último Gran Premio de Turquía uno empieza a tomar conciencia de que los años no pasan en balde. Lo digo porque el corazón te da un vuelco al ver a Dani caer antes de finalizar la primera vuelta y entonces tomas conciencia de que aquél podría ser tu hijo por lo que sufres, en primer lugar por su integridad física y en segundo lugar por ver su trabajo y el de otra mucha gente tirado por la borda por un mal gesto. Si además le añades que el error no sería del todo achacable a él todavía se sulfura uno más. En fin, que se le va a hacer, ahora sólo queda levantarse, sacudirse el polvo y hacerlo mucho mejor el domingo que viene y sobre todo salir lo más adelante posible y mirar a los lados intentando evitar que cualquier descerebrado pueda tirarte al suelo.
Vuelve el mundial de motociclismo. Después de casi cuatro meses de añoranza colectiva vuelven las motos en un año en el que se prevéen grandes emociones. Tal vez sea la cilindrada pequeña la que mirada desde un punto de vista patrio ofrezca menos emociones pero, no obstante, la parrilla estará llena de pilotos nacionales que forzosamente deberán abandonar sus pupitres de secundaria con el ánimo de ofrecernos alguna carrera excepcional. En el cuarto de litro se añaden efectivos que supongo y deseo que pondrán en más de un aprieto al impertinente Jorgito, algo que en un ataque de ambivalencia no se si definir como bueno o como malo. Por último la categoría reina, MOTO GP, en la que ya no caben más créditos para Dani que luchar desde principio a fin por el título de campeón del mundo por cuarta vez. Casi, casi, se puede decir que le han bordado la categoría un poco a su medida y, por decirlo de alguna forma, parten todos desde el mismo punto de inicio. Lo digo por la moto que para todos será de nueva factura, con nuevas normas, con nueva cilindrada, pero con rivales viejos. Y es que en el fondo tengo unas ganas superlativas de que Dani repase carrera tras carrera al mejor piloto de motociclismo de todos tiempos y de nombre Valentino.