
Gràcies per tornar-te a aixecar.
Foto: La Vanguardia
Debo reconocer mi obsesión por una frase compuesta por dos palabras con la que todo el mundo intenta imponer de forma sutil o no su influencia. La frase no es otra que "sentido común". Ignoro si existe un compendio que recoja toda esta larga lista de sentencias que llevamos usando la civilización siglos y siglos. Una vez más recurro a esta pseudo enciclopedia universal en la que se está convirtiendo Internet, y me ratifico en lo que más o menos la mayoría entendemos en lo que se ha convertido la red de redes. Aquí cada cual dice lo que le parece y precisamente sea esa la mayor grandeza que le podemos atribuir a este invento. La libertad de opinión y la forma más fácil de expresarla (en algunos casos, como el mío, un auténtico muro de lamentaciones, por aquello de que nadie nos escucha). Tal vez pueda acabar por convertirse en el mayor peligro para muchos, para todos aquellos que buscan reiteradamente la uniformidad, incluso con represión o con prohibiciones. Y el nombrar "uniformidad" nos vuelve a llevar a la frase "sentido común". Los hay que dicen que "sentido común" es esa especie de conciencia residual que la mayoría, entre todos, de una forma explícita y no necesariamente escrita determinamos que es lo bueno y que es lo malo. Los hay, también, que dicen que esta especie de conciencia, este "sentido común" se adquiere con un compendio de experiencias personales que labran nuestras personales formas de ver las cosas o de entender la vida. Aquí es cuando toda esta teoría chocaría con la inesperada realidad. Si defendemos (los que lo defendemos) que cada uno de nosotros es un propio mundo independiente del resto parece que esto último se contradiga con el "sentido común" ya que esto último no es otra cosa que lo más parecido al "pensamiento único". Parece exagerado pero sinceramente pienso que toda la clase política que constantemente apela al "sentido común" no lo hace después de horas y horas de sesudas reflexiones filosóficas, sino que lo hace pensando única y exclusivamente en su propio ideario que, a la vez, tampoco tiene que ser necesariamente el mayoritario de la sociedad. Y es precisamente sobre eso en donde otros basan su argumentario para definir lo que, según ellos, deberíamos entender como "sentido común". Así pues parece que cada pensamiento o cada ideología pudiera construirse o tener su propio "sentido común”, y puestos a divagar podríamos algunos pensar que cada uno de nosotros tendría nuestro propio "sentido común" por lo que dejaría de ser "común" para limitarse a ser nuestro propio "sentido". Como también he leído en la red podría ser que el sentido común no sería tan común como pueda parecer.Un resumen perfecto.
El título del artículo lo dice todo.
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ley/suicidio/asistido/dara/tiempo/vivir/elpepusoc/20090801elpepisoc_5/Tes
-Mama, ¿qué es un mamón?
Pues no sabes lo que te pierdes.
Com fidel seguidor del programa Els Matins de TV3 (no tinc una altra opció matinera) m'he pres la llicència de realitzar un petit estudi de la paritat entre homes i dones que intervenen com a tertulians en la tertúlia que cada matí realitza aquest programa entre les 9 i les 10 hores. He intentat realitzar el seguiment durant 30 dies consecutius les dates dels quals corresponen als dies: 17, 18, 20, 23, 24, 25, 26, 30 i 31 març, 1, 2, 3, 6, 7, 8, 9, 14, 15, 16, 17, 20, 21, 22, 23, 24, 27, 28, 29 i 30 d'abril i el 4 de maig. Amb les dades obtingudes del seguiment han intervingut durant aquests 30 dies en la tertúlia un total de 111 col·laboradors, dels quals 90 eren homes (sense contar al presentador i director del programa) i 21 han estat dones, el que en xifres absolutes correspon, en aquest últim cas, un 19% del total. És a dir, la representació femenina en les tertúlies del programa és d'un 19%. Així mateix dels 30 dies estudiats en 12 d'ells no va haver-hi cap col·laboradora dona el que suposa que en un 40% dels dies no va haver-hi presència femenina en la tertúlia matutina. Com exemple d'aquesta sensació personal de falta de paritat podríem prendre com a cas paradigmàtic la tertúlia que va tenir lloc el 22 d’abril en la qual va intervenir Gemma Calvet i tres col·laboradors (mascles) més i la durada total de la tertúlia, descomptant el temps dedicat a la informació del tràfic i del temps, va ser de 53 minuts en els que la citada col·laboradora va intervenir un total de 7 minuts i que després de realitzar una senzilla regla de tres obtenim que aquests 7 minuts corresponen a un 13% del temps dedicat a la tertúlia. Sense entrar en cap altre tipus de valoració i consideracions i observant les dades obtingudes crec que és evident que la paritat en aquesta part del programa és visiblement deficient, fins a un punt tan perceptible que no necessitaria realitzar-se cap tipus d'estudi.
Repasando aforismos he tropezado con una frase que se le atribuye a Gandhi que dice así:
A falta de financiación y de cualquier otra cosa que desde Madrid nos quieran dar sólo nos queda consolarnos con el espectáculo cule, que no es poco.
Demos la bienvenida a la reina de la demagogia, la nueva ministra de sanidad. En una entrevista al periódico "El País" dice con pomposidad que no teme a la Iglesia. ¿Cómo va a temer a la Iglesia, con lo contenta que está la iglesia de seguir dirigiendo la agenda política española? También dice que no hay demanda social en un tema como la eutanasia o el suicidio asistido. Qué razón tiene, ministra, la mayoría que necesita una regularización de este tipo no puede salir a la calle a manifestarse para reclamar el derecho fundamental de decidir por uno mismo. Así que, algo muy español, improvisaremos sobre la marcha, parcheando aquí y parcheando allí, conforme se vayan produciendo casos escandalosos que al parecer sólo servirán para llenar páginas de periódicos. Donde digo digo, digo Diego ya que el anterior ministro insinuó en otra entrevista que podía abordarse este tema en esta legislatura, pero con lo del aborto ya estamos tocando bastante los bemoles a la Santa Madre y ahora no toca, algo muy Pujoliano . Algo parecido pasa con los dependientes, que tampoco debe existir demanda social, digo yo, ya que no los vemos manifestarse por las calles de nuestras ciudades, así que el tema tampoco es necesario resolverlo bien. O tal vez será que necesitamos que otros nos empujen la silla de ruedas hasta cualquier calle importante para poder manifestarnos.
Otra vez dándole vueltas a la cabeza. Mientras veía el otro día una película sobre el Camino de Santiago donde se narraba el lado más místico de esa excursión leía, algo aturdido, los subtítulos intentando no perder de reojo las imágenes de la película. No era la primera vez que me sentía rabiosamente identificado con las reflexiones y los pensamientos de los personajes de la película y me preguntaba una y otra vez y de nuevo las mismas preguntas que ellos se formulaban. Qué pena no poder tomar notas rápidas para poder capturar con un vocablo o con una frase esos pensamientos que apenas podemos memorizar. De todas, la única reflexión que logré pronunciar en voz alta fue que... "intentando llevar toda la vida una cierta normalidad de mis actos es realmente curioso las peculiaridades que conlleva hoy por hoy mi día a día". En el fondo de alguna manera los que nos consideramos "normales" pensamos o más bien soñamos que de vez en cuando nuestra vida tuviera destellos de espectacularidad u originalidad que pudiéramos memorizar con cierto orgullo. Seguramente será por culpa del cine que tanto nos bombardea con hechos y vidas espectaculares y que de alguna forma nos envenena con ese deseo algo frívolo. Y con ese pensamiento me quedo sorprendiéndome a mí mismo al ver que a estas alturas de mi vida ésta no tiene nada de "normal". Entraríamos otra vez en aquel eterno debate de lo que es normal y de lo que no lo es y sobre todo de poner en cuestión a quien determina esa peculiar "normalidad". Cada vez me doy más cuenta que aquellos que establecen las normalidades, el sentido común o la lógica, están más lejos de nuestras vulgares vidas y por lo tanto, parece ser, que lo que quieren y desean tan "privilegiadas" mentes es establecer unos estrechos márgenes en los que debemos permanecer los otros, es decir, a poder ser según ellos, la mayoría del mundo exceptuando ellos mismos. Siempre he considerado ese comportamiento como fascista, el imponer reglas de cualquier tipo para el exclusivo cumplimiento del prójimo.
Como en los viejos tiempos. No haría falta añadir nada más después de ver, en imágenes, la contundencia que gasta nuestra policía autonómica arremetiendo a diestro y siniestro con todo aquello que se movía a su alrededor. Seguramente serían víctimas de múltiples provocaciones e insultos pero en eso se basa su propia existencia, en la capacidad de discernir cuál es una determinada situación de peligro o de inseguridad general que justifique la utilización de la fuerza. No es la primera vez. La policía actual debería diferenciarse de aquellos vestidos de aburrido gris precisamente por esa capacidad de análisis ante un insulto, ante unas palabras descalificadoras, antes de abalanzarse contra una muchedumbre enfadada o fuera de sí pero que todavía no había levantado su desnuda mano. La desproporción es un signo de prepotencia y tal vez sea un toque de atención ante los posibles disturbios sociales que debido a la situación económica pronto sucederán uno tras otro. De alguna forma la policía presentó sus credenciales como diciendo "ojito, que éstas son nuestras cualidades", cualidades, que por cierto, no se les ve cuando tratan con corruptos de traje y corbata. Curioso, sobre todo, que nuestra policía catalana esté comandada por un "iniciativo", amante de las fotografías y de las grandes reuniones de estado, pero que pierde constantemente el control de todo aquello que de él depende, así que la misma falta de recursos intelectuales nos las podemos aplicar nosotros mismos exigiéndole la DIMISIÓN por su crónica incompetencia.
Quiero rendir homenaje a Pepe Rubianes, por ofrecerme la mejor noche de teatro de mi vida y por su irreverencia que tanto me gustaría imitar. Como decía una tertuliana del "El País" a este señor "no lo callará ni Dios". Yo también quisiera estar con Buenafuente el día del juicio final, partiéndome el culo de risa con ellos.
Foto: "El País"