
Te deseamos un Feliz Cumpleaños. No puedes imaginarte cuanto te encontramos a faltar.
Un beso muy fuerte.
Joan i Eva
Una nueva amenaza se cierne sobre nuestras cabezas "Los Aceleradores de Partículas". Hace tan sólo unos días se puso en funcionamiento el más grande acelerador de partículas en tierras suizas y varias corrientes científicas discrepan sobre las bondades del experimento y de los peligros que conlleva. Según algunos estamos ante las puertas de grandes descubrimientos para la ciencia, e incluso se atreven a decir que se desconocen las grandes posibilidades del engendro, y solo con esas palabras ya podríamos preocuparnos sobre esos desconocidos resultados. Son, sobre estos resultados, que algunos otros científicos, bastante más críticos, nos amenazan con la posibilidad de que a raíz de estos experimentos puedan crearse agujeros negros capaces de absorber todo el planeta en cuestión de hora y media. Otros insinúan que nos encontramos ante la encrucijada de resolver de una vez por todas el debate sobre la existencia de Dios y podría acabar siendo una auténtica paradoja que tengamos que encomendarnos a él para que impida semejantes desastres, aunque sinceramente da la impresión de que en algunas latitudes del mundo se ha tomado unas auténticas vacaciones. Como a veces se me ocurre decir en voz alta, que sea lo que el destino quiera pero que, si puede ser, que no duela.
No puedo resistirme a realizar un comentario sobre la nueva forma de comunicación que supone el envío de un SMS a través de nuestro teléfono móvil. Solo hace poco más de una década que disponemos de tan fabuloso invento y habrá muchos que se pregunten cómo podíamos vivir sin semejante artilugio, y la verdad es que no hay porque resistirse a determinadas cosas que nos hacen la vida más cómoda. Pero hoy quiero centrarme más en una de las aplicaciones que nos proporciona el teléfono móvil. Los mensajes de texto lanzados a las ondas, muchas veces de forma indiscriminada, nos concede ese plus de anonimato e impersonalidad que en la mayoría de las veces mitigan nuestras propias carencias de valentía. Ahora ya no es necesario provocar un encuentro personal y en directo para repartir tantas buenas como malas noticias o para desear días felices. Solo basta escribir más o menos cortos formulismos y enviarlos en tiempo real por las ondas a sus destinatarios, y en el mejor de los casos, recibir a través del mismo medio una más o menos deseada respuesta. Así nos ahorramos florituras, expresiones faciales y la incomodidad de compartir espacio vital con nuestros semejantes. Ahora podemos cortar relaciones de la forma más aséptica imaginable sin necesidad de realizar largas justificaciones o desear unas estupendas y felices Navidades sin necesidad de extendernos en el conocimiento de las penas y glorias de nuestros invisibles interlocutores. Algo parecido a los e–mails pero mucho más escuetos y fáciles de elaborar.
En el día de mi 47 aniversario no se me ocurre otra brillante cosa que volver a hablar de política. Presiento como la clase política está de vacaciones algo que para ellos debe ser del todo necesario, agotados por su supremo esfuerzo de dedicar sus brillantes vidas en pro del bienestar de sus semejantes, o no, del pueblo que les otorga la razón de su existencia. Para nosotros, de alguna forma, también son necesarias esas vacaciones y poder descansar de su constante presencia en los medios. Es quizás momento de reflexionar y volver a incidir en un tema todavía no resuelto y que parece no querer resolverse jamás. Pasan los años, pasan las décadas y contemplamos como las caras pese al paso del tiempo siguen siendo las mismas. Debe ser que han alcanzado tal grado de especialización que la mayoría no sabría hacer otra cosa que dedicarse a la política. Y mientras que no se modifique la ley electoral y que permita al ciudadano poder borrar de esas listas, hasta ahora cerradas, determinados nombres que los partidos políticos insisten en camuflar entre tanto nombre desconocido no habrá manera de "jubilar" a determinados jurásicos políticos que legislatura tras legislatura se aposentan en relucientes poltronas. Sin más mérito que muchos otros impiden rejuvenecer esa clase política que según mi parecer tanto lo necesita. Además sigue siendo preocupante que nuestro ejercicio del voto deba hacerse totalmente a ciegas depositando todas nuestras esperanzas en unas siglas que en la mayoría de las casos ha abandonado aquel ideario hipotético que representan, es decir, votamos a una serie de personas que para la mayoría son auténticos desconocidos exceptuando, por así decirlo, a los cabezas de lista. Y por último insistir en que el voto en blanco tenga también su representación en el hemiciclo de la Cámara de representantes a modo de escaños vacíos ya que ése es realmente el significado de ese voto. En fin, como diríamos aquí, en Catalunya, soy un poco "sommiatruitas", y es que parece que ni con la edad aprendo.
Hoy toca poner el grito en el cielo. La semana pasada asistimos a un espectáculo mediático sin precedentes en el que la televisión nacional de Catalunya brindó una cobertura televisiva a un personaje y a un suceso que para nada se lo merece. Está claro que para los catalanes el Barça es algo "más que un club", inclusive para muchos a los que no les gusta el fútbol pero que sin embargo ven cortadas las principales calles de la capital cuando el equipo gana cualquier competición. Pero eso para nada justifica horas continuadas de emisión de la tarde/noche de un domingo de un mes de julio. Pero lo que todavía tiene más delito es que todo esto esté promovido por la testosterona de alguien más cercano al cromañón que la mayoría. Habría que gritar que ¡por favor!, ¡qué solo es el presidente de un club de fútbol!



Llevo tiempo sometido a las inclemencias del zapping televisivo y es que por obligación tengo que sentarme ante el televisor más horas de las que entenderíamos por saludables así que hay dos botones del mando a distancia que sufren un desgaste mayor que el resto de sus compañeros. Eso me acredita la facultad de poder hablar con cierto conocimiento de causa y ejercer mi personal crítica televisiva.